Princesa Alba reafirma su trono en el pop mundial con “MALAGRADECIDA”, su esperado tercer disco

 


¿Convertirte en lo que soñabas y, aún así, sentir que no es suficiente? Las mujeres –y las divas– están llenas de contradicciones. Ese es el eje que atraviesa Princesa Alba en su tercera entrega discográfica: "MALAGRADECIDA", la nueva etapa de la chilena, que entre autoexigencia, agotamiento y la necesidad de encontrar la autenticidad, confirma por qué nadie hace el pop como ella. 

Durante dos años, entre México y Chile, y junto a Francisco Victoria en la producción, la artista explora las distintas capas que configuran a su persona–personaje: el rostro televisivo, la mujer, la ex universitaria, la amante, la cantante. Así, "MALAGRADECIDA" es una declaración irónica sobre la insatisfacción que acompaña a quienes siempre quieren ir más allá, incluso cuando ya alcanzaron aquello por lo que tanto lucharon. 

¿Es ingrato querer más?, ¿es el impostor? ¿O es el precio de vivir bajo las expectativas ajenas y propias que nunca dejan de crecer? En ese terreno, la chilena usa la sátira para regalarnos una sonoridad fresca. Esto no es sólo Y2K o indie sleaze, es un disco más complejo. Una investigación que se influencia desde el comienzo del milenio con "Ray of Light" de Madonna, referentes de divas pop hispano–parlantes como Ana Torroja, Belanova, Julieta Venegas, el revival electroclash mundial, sonidos más contemporáneos como Peaches, Robyn, Marina and The Diamonds, o María Daniela y su Sonido Lasser, uno de los brillantes featurings de "MALAGRADECIDA". 

Leyendo el pop como un mapa que sabe y sangra mucho más que romance, Princesa Alba invita a la revelación Z, iza tkm; a su ya querido y conocido colaborador Gepe; y suma un cierre de círculo pop con Javiera Mena, en un track que se siente como una pasada de posta intergeneracional de divas del género en ‘Alguien como YO’, último single previo al estreno del álbum. Tensiones con el alterego artístico, la búsqueda de esa intimidad que escuchamos en sus primeras canciones, la performance y la irreverencia, y un proceso artístico tan terapéutico como lúdico y desafiante en "MALAGRADECIDA", un disco que es muchísimo más que una colección de canciones. Es la mirada interna a una artista que acostumbra a ser mirada por los demás. 

Sin tratar de resolver esas contradicciones, Princesa Alba las transforma en joyas para su corona: algunas cortan, otras seducen. Entre ambición personal y conexión existencialista, la chilena juega con la imagen y la intimidad, con lo que el mundo espera y lo que ella desea, encontrando un nuevo lugar desde donde contar las vivencias que la alzan como parte indiscutida de la realeza pop mundial.


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